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ÚLTIMOS DÍAS DE LA EXPOSICIÓN “EXPECTATIVA Y MEMORIA”

Recordamos que la exposición “Expectativa y Memoria” estará abierta hasta el próximo mes de julio.

El proyecto expositivo ‘Expectativa y memoria’ propone una reflexión general sobre España y Marruecos -dos lugares afines pero al mismo tiempo extrañamente desconocidos-, que plantea a través de imágenes una revisión profunda y detenida de las relaciones e intercambios que han mantenido ambos países desde principios del siglo XX hasta hoy. No se trata de una simple selección característica de trabajos visuales de diferentes épocas, sino más bien de establecer, a través de una mirada global que resalte las prolongadas influencias sostenidas, una aproximación de mayor alcance a una sociedad contigua y amiga.

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Horario de mañana de 10:30 a 14:00 y de tarde de 16:30 19:15 horas.

EXPOSICIÓN “EXPECTATIVA Y MEMORIA”

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Hasta el 20 de julio con horario de mañana de 10:30 a 14:00 y de tarde de 16:30  19:15 horas.

El proyecto expositivo ‘Expectativa y memoria’ propone una reflexión general sobre España y Marruecos -dos lugares afines pero al mismo tiempo extrañamente desconocidos-, que plantea a través de imágenes una revisión profunda y detenida de las relaciones e intercambios que han mantenido ambos países desde principios del siglo XX hasta hoy. No se trata de una simple selección característica de trabajos visuales de diferentes épocas, sino más bien de establecer, a través de una mirada global que resalte las prolongadas influencias sostenidas, una aproximación de mayor alcance a una sociedad contigua y amiga.

Paradójicamente, la frontera que significa el Estrecho de Gibraltar representa el límite entre dos continentes opuestos cuya unión comparte muchos elementos comunes, un eslabón poco reconocido entre dos culturas afines que deben acercarse entre sí para potenciar sinergias. Es precisamente en el terreno de la expresión contemporánea, poco inclinado a reforzar estos lazos y ajeno a muchas de esas conexiones naturales, donde se hace especialmente necesario revisar desde un punto de vista positivo las relaciones hispano-marroquíes, una circunstancia condicionada en exceso por la particularidad de un entorno internacional marcado por el desentendimiento entre occidente y el mundo árabe-islámico.

En este esfuerzo de aproximación, la Fundación Ankaria pretende crear una red de comunicación y aprendizaje para estimular la reciprocidad entre ambas sociedades. Para ello, ha concebido una ambiciosa muestra que toma como punto de partida las fotografías de época noticiade José Ortiz Echagüe y Bartolomé Ros, dos autores fundamentales para aproximarnos al norte de África durante la primera mitad del siglo pasado. En esta selección se ha procurado que la mirada a ese tiempo fuese equilibrada, estableciendo equivalencias que acentúen los rasgos humanos y den protagonismo a las personas, evitando siempre el sesgo colonialista inherente en muchas escenas de ese momento, más pendiente en algunos casos del costumbrismo que de las situaciones de vida cotidiana. Al mismo tiempo, y esa es la gran novedad de este proyecto, se procura una concordancia y avenencia de estas imágenes históricas con otras de creadores contemporáneos del siglo XXI, un encuentro a través del tiempo que nos permite no sólo recapacitar sobre el pasado y el futuro, sino sobre cómo se construye la identidad de un territorio a través de su imagen.

La elección de estos dos momentos para contextualizar la exposición, por un lado principios del siglo XX y por otro la actualidad, es de suma importancia. En 1912 se firma el acuerdo para la creación del Protectorado español de Marruecos, una conjunción que unirá ambos destinos por varias décadas y llevará a muchos españoles al norte de África, especialmente por cuestiones de trabajo. Desde los años 90 del siglo pasado, el aumento de los flujos migratorios ha generado un proceso inverso: una vez que nuestro país adquiere un cierto desarrollo económico, se convierte en receptor de ciudadanos marroquíes que buscan en el sur de Europa una oportunidad de vida que no encuentran en su lugar de origen. Dos situaciones distintas que han prodigado, por avatares distintos, un encuentro inesperado entre lugares adyacentes.

Tal como explica el islamista Juan José Sánchez Sandoval, “en estos momentos se hace necesario señalar que el debate crítico en torno a las relaciones España-Marruecos no es nuevo, y que siempre ha preocupado a los intelectuales españoles, como en el caso de José Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno en el primer tercio del siglo XX. En este sentido, cabe indicar que, en la actualidad, otros intelectuales han empezado a señalar el importante papel de lo cultural en el análisis de las relaciones entre los pueblos marroquí y español, un papel crucial en la historia actual y futura.”

Gran éxito de la Exposición Tesoros ocultos: Los manuscritos iluminados más valiosos de Europa.

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7 mayo – 14 junio 2015

Real Alcázar de Sevilla, Sala Cantarera

Patio de Banderas, s/n 41004 Sevilla (entrada por la Puerta de los Leones) 

Horario: Todos los días de 9.30h a 19.00h

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El Real Alcázar de Sevilla acoge un acontecimiento cultural de gran singularidad, la exposición “Tesoros ocultos: los manuscritos iluminados más valiosos de Europa”, una muestra de las grandes obras maestras de la iluminación que se pintaron en Europa entre los siglos X y XVI.

La exposición que está ubicada en la sala Cantarera del Palacio Gótico, puede visitarse hasta el 14 de junio. La sala Cantarera, una de las cuatro salas que componen el Palacio Gótico del Real Alcázar de Sevilla, se abre al público por primera vez en la historia del Real Alcázar con esta exposición.

Como todo el palacio, fue construida a mediados del siglo XIII por canteros castellanos que se desplazaron hasta la recién conquistada ciudad de Sevilla. La sala fue redecorada en tiempos de Felipe II, y en concreto durante los años 1577 y 1578, por el arquitecto Hernán Ruiz con la magnífica azulejería de Cristóbal de Augusta, como recuerdo de la Boda del Emperador Carlos V e Isabel de Portugal, celebrada en el Real Alcázar de Sevilla en marzo de 1526.

En esta exposición el visitante puede admirar y hojear íntegramente una veintena de clones de atlas y códices cuyos originales se conservan, ocultos de la mirada del gran público, en las bibliotecas y museos más importantes del mundo, como son; el Metropolitan Museum of Art, The Morgan Library & Museum, The British Library, la Bibliothèque nationale de France o la Biblioteca Nacional de Rusia, entre otros.

Encontrándonos en el Real Alcázar de Sevilla, antigua sede de la Casa de Contratación de Indias, la gran protagonista de esta exposición es la cartografía de la época de los Descubrimientos. Asimismo, completa la muestra una exquisita selección de obras que abarcan temáticas tan diversas como la religión y la espiritualidad, la medicina, la biología, la alquimia o la sexualidad.

La cartografía, eje principal de esta exposición

La mayor revolución geográfica de la historia de la Humanidad, acaecida en el otoño de la Edad Media y en los albores del Renacimiento, tuvo como protagonista a la Península Ibérica. Fue el tiempo de los reyes Fernando e Isabel y del emperador Carlos V, su heredero, y el del rey Juan II (el Príncipe Perfecto de Portugal) y su sucesor Manuel I.

En el tiempo de una sola generación se realizó lo esencial de los grandes descubrimientos geográficos mutuos y de los grandes encuentros intercontinentales entre civilizaciones, y el mundo se definió como un conjunto de mares y territorios prácticamente idéntico al que hoy en día conocemos. La Cartografía –la «ciencia de los príncipes»– reflejó esa extraordinaria eclosión de los conocimientos geográficos y antropológicos, ilustrada exóticamente con lujosas y exuberantes iluminaciones artísticas.

En esta exposición el visitante tiene la oportunidad de ver tres de los atlas más excepcionales que se conservan hoy en día, testimonio de una época en que la cartografía era mucho más que un instrumento de navegación: era, sobre todo, un arma de estrategia política.

El Atlas Miller es fruto de las primeras escuelas de la cartografía portuguesa. Realizado en 1519 por los cartógrafos Lopo Homem, Pedro y Jorge Reinel, y por el miniaturista António de Holanda, este atlas estableció un precedente difícil de superar. De hecho, está considerado por los especialistas como el monumento cartográfico más importante de todos los tiempos. No solo fue un atlas novedoso por sus excepcionales miniaturas, más propias de un libro de horas que de un atlas, sino que su valor geopolítico es excepcional. Es un atlas intrigante y misterioso, porque en realidad oculta la información que aparentemente revela.

Cartografiado en vísperas del viaje de Magallanes, la verdadera finalidad de los portugueses al concebir este atlas era convencer al emperador Carlos V de que abandonase el proyecto de circunnavegación del planeta. Esta es la única explicación que cabe para el planisferio del atlas, donde se representa el mundo como un gran mar rodeado de tierra, lo que imposibilitaría cualquier conjetura sobre la circunnavegabilidad de la Tierra.

La obra cartográfica de Fernão Vaz Dourado, por su parte, se caracteriza por su gran elegancia y finura. Su Atlas universal ha sido realizado con pergaminos de un excelente blancor, el dibujo es minucioso y detallado, y la paleta rica y sabiamente conjugada con la aplicación del dorado. Este atlas parte de una clara intención de delinear, ordenar y explicar el mundo, volviéndolo inteligible a través del lenguaje gráfico y visual. Las imágenes de Vaz Dourado se difundieron con rapidez en la cartografía impresa del Norte de Europa, como es el caso de la inserta en la obra de Linschoten o la difundida en las ediciones de Ortelius. A partir de estas imágenes se elaboraron nuevas versiones por todo el mundo.

Si los portugueses y españoles fueron los protagonistas indiscutibles durante un tiempo, pronto ingleses, holandeses y franceses les siguieron. En el norte de Francia, la prolífica escuela de Dieppe creó el Atlas Vallard, una obra que contiene decoraciones marginales totalmente innovadoras en cartografía. Al igual que el Atlas Miller, una de sus características más notables son sus miniaturas, que reflejan escenas de episodios de colonización acontecidos en el siglo XVI, así como numerosas ilustraciones sobre la vida de los pobladores autóctonos. Otra de las singularidades de este atlas realizado en 1547 es que muestra por primera vez la costa oriental de Australia, 200 años antes que los viajes del capitán Cook, considerado erróneamente su descubridor en detrimento de anónimos navegantes portugueses.